Dagoberto «el Tibi» Lara

Dejemos a un lado los formalismos y retrocedamos un poco en el tiempo. Cuba tuvo, en los años comprendidos entre 1970 y 1986, aproximadamente, un gran equipo de fútbol. Al menos en el área de la Concacaf (Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe) no éramos goleados con tanta facilidad. Estuvimos a minutos de clasificar para un Mundial de mayores.

Entre aquellos futbolistas que le dieron gloria a Cuba, había un «jabao de ojos verdes», algo delgaducho en sus comienzos, cuyo nombre aparece continuamente en las estadísticas como goleador en diversos torneos internacionales: Dagoberto Lara, de Cienfuegos.

El Tibi no quiere dar entrevistas. Desde hace algún tiempo es difícil convencerlo. Todos quieren preguntarle lo mismo; se le acercan de la misma manera. Quieren que les hable sobre Cuba, el fútbol, o el deporte en general. El Tibi dice que no.

– ¿De qué quieres hablar muchacho? A ver, tienes 15 minutos. Pregunta ahí, si quiero te contesto y si no, no lo hago. Ya yo dije todo lo que tenía que decir.

– Usted discúlpeme, Tibi. Yo en 15 minutos no le hago una entrevista a nadie. Venía a hablarle de Cienfuegos, del Campeonato del 85, el del 90, de Reyna, su barriada. Puede que también le pregunte sobre el fútbol cubano, claro.

Suspira. Balbucea algo como que nadie le ha preguntado sobre eso desde que llegó a USA, que también pudo ser campeón en el 82. Sonríe. Me pregunta de qué parte de Cienfuegos soy, y le contesto que del mismo barrio donde nacieron Julio Modesto, Carrazana, David Sarría.

Y entonces el Tibi me dice que regrese el lunes, que hablaremos bastante sobre fútbol.

Me decías que el partido más triste en tu carrera deportiva fue la derrota de Cienfuegos ante Ciego de Ávila, en la última fecha del Campeonato Nacional de 1982. ¿Por qué?

Ese año el Cienfuegos estaba jugando el mejor campeonato que haya jugado en su historia. Excepto un par de empates, o tres, habíamos ganado todos los partidos. Eran, creo, ocho o diez equipos, y se jugaba a dos vueltas. Íbamos en primer lugar, y detrás nuestro, a dos puntos, estaba Villa Clara, que también había jugado un tremendo campeonato. En esa última fecha enfrentábamos a Ciego de Ávila, último lugar: no había ganado un solo partido en todo el campeonato. Nos confiamos. Jugábamos contra el colero, el peor equipo; aquello no podía ser otra cosa que una goleada, mínimo, cinco a cero. Ese día aprendí que en el fútbol no hay nada escrito. Nos sorprendieron. Apenas necesitábamos un empate. Ya todo el festejo estaba organizado.

Tú que jugaste, de esa época, con Elejalde, Fariñas, Massó, Azcuy, Loredo, ¿qué consideraciones tienes acerca de estos dos nombres: Regino Delgado y Julio Modesto Cabrera?

Para mí Regino y Julio han sido de los mejores jugadores que ha tenido Cuba en todos los tiempos. Yo les profeso un gran respeto, teniendo en cuenta que se lucieron cuando el fútbol cubano tuvo sus mejores resultados. En esa época que tú mencionas hubo otros muy buenos, pero esos dos fueron excepcionales. Esa es la verdad. Eran, ambos, el motor impulsor del medio campo.

En esa época —quizás un poco antes y después— los hilos de la Selección Nacional fueron manejados por técnicos extranjeros, provenientes de diversos países. Que yo recuerde, hubo un angolano, un coreano, un soviético… Y más recientemente, un peruano, un alemán. ¿Te parece que eso atenta un poco contra nuestra idiosincrasia e identidad futbolísticas, o lo valoras como provechoso?

Nosotros contábamos con entrenadores cubanos capacitados. Te puedo mencionar a Sergio Padrón, Nicolás Martínez, Roberto Hernández. Pero mira: en esa época, los países del ex Campo Socialista quisieron ayudar al desarrollo del futbol cubano, y, ciertamente, países como la URSS, Polonia y Checoslovaquia tenían un buen nivel en el más universal; incluso tenían participaciones mundialistas y no precisamente de colorete. Los tres tenían equipos respetados a nivel mundial. Entonces, como parte de la colaboración, enviaron técnicos a Cuba. Para mí, fueron buenos técnicos. Nosotros mismos, en la región de Las Villas, contábamos con un entrenador polaco que era un gran conocedor, y que me ayudó muchísimo a elevar mi nivel de juego.

Estamos hablando de la época dorada del fútbol cubano, un periodo en el que exceptuando a Costa Rica y a México, ninguno de los demás países del área caribeña nos ofrecía resistencia. Jamaica no nos ganaba, goleábamos a Venezuela… ¿El fútbol cubano ha retrocedido más de lo que han avanzado los demás países de esta zona geográfica?

Lo que te diré ahora ya lo dije en una ocasión y lo mantengo. El fútbol cubano, mientras siga con su política errónea, no avanzará. Ha sido bloqueado internamente. Con nuestros campeonatos nacionales de mala monta jamás podremos salir adelante. Nosotros le pasábamos por encima a Jamaica, a Estados Unidos, a Venezuela. Todos esos países, y otros más, ya nos superan. ¿Por qué? Pues porque ellos tienen una liga profesional o tienen a sus mejores jugadores en las de otros países.

Hemos ido a mundiales Sub-16, Sub -17. Recientemente fuimos a uno Sub-20. ¿Por qué Cuba no va a un Mundial de mayores? Te repito: ¡tenemos que cambiar la política! Mientras no logremos una participación a nivel profesional, como el resto de los países, jamás conseguiremos desarrollar nuestro fútbol y, por supuesto, jamás pasaremos de una etapa eliminatoria mundialista. Tenemos que hacer que los atletas cubanos jueguen de forma profesional. Calidad hay. Nosotros no podemos ser la excepción y, lamentablemente, la somos. Por ese motivo estamos en el lugar que estamos. Y relegados, goleados.

En la Selección Nacional cubana, ¿qué es lo que se busca? ¿Cuál es el requisito más importante para entrar?

Ahí juega un gran rol el director técnico. Él es quien sabe lo que quiere, y para ello seleccionaal jugador que cree que puede hacerlo mejor. Si él está debidamente capacitado, podremos sacar jugadores capacitados. Técnicamente, no tenemos jugadores tan malos. Yo diría que son aceptables. Tácticamente, es donde tenemos un poquito más de problemas, por la falta de roce internacional.

Sin embargo, constantemente, cuando se pone en tela de juicio la salud del fútbol cubano, se usan como evidencias de mejoría las participaciones en las categorías que mencionaba hace poco; y se habla de la masividad, de la cantidad de chicos que practican el fútbol, de los técnicos graduados… ¿Son esos argumentos válidos para justificar el desarrollo?

En lo absoluto. Masividad no es sinónimo de calidad.

Poniendo como limitante —digamos— la poca solvencia económica para hacer giras que fogueen a los jugadores, ¿por qué no llamar a la Selección Nacional a cubanos que se fueron del país, incluso siendo niños, que se desarrollaron futbolísticamente fuera, y que tienen todo lo necesario para levantar la imagen de nuestro fútbol en el plano internacional, y que han manifestado su deseo de jugar con Cuba?

Por alguna razón que desconozco eso en Cuba no se permite. Es absurdo, porque si se fueron, por ejemplo, cuando niños, pero nacieron en el país, deberían tener todo el derecho del mundo a representarlo, siempre que demostraran su calidad, claro. Cuba no permite que los jugadores de adentro jueguen profesional, así que tampoco pienso que permitirá que jugadores profesionales, aunque cubanos, sustituyan en cualquier selección a uno de esos otros. Esa es la política deportiva que lleva Cuba. Repito, ¡es un absurdo! Lo correcto es que les permitieran jugar con su país de origen, pero no lo hacen.

Ahora que estás retirado, ¿te sientes bien en esta faceta de director técnico?

Te digo una cosa, desde que vine para Estados Unidos, se me han abierto las puertas pues estuve dirigiendo en la academia del Real Madrid.

¿El fútbol es, actualmente, más que un deporte, un negocio?

Yo pienso que sí. Probablemente, en cifras globales, por el dinero que se mueve en torno a él, sea el fútbol uno de los negocios más lucrativos del mundo.

Tibi, ¿ahora, desde la distancia, cómo son tus recuerdos de Cuba, de tu provincia de Cienfuegos, de tu barriada de Reina?

(Piensa durante varios segundos) ¿Quieres que te sea sincero? Bien. Yo siempre estoy pensando en mi gente. Aunque uno está aquí, uno prácticamente está en el barrio, en lo que dejó atrás…Yo recuerdo con mucho cariño ese estadio lleno. Te hablo del 5 de Septiembre, porque en mi época no se jugaba en el Luis Pérez Lozano. Era algo indescriptible. En aquel entonces nosotros movíamos más público que el equipo de pelota. Era un mar de pueblo lo que nos iba a ver jugar. Eso me estimulaba enormemente. Yo llegaba a veces de La Habana, y ver a toda aquella gente esperando ver al Cienfuegos jugar, me quitaba todo el cansancio que traía encima, y me «llenaba» para poder brindarle a mi pueblo cienfueguero lo mejor de mí. El estadio lleno…, esa era mi energía, porque ellos lo merecían. El Cienfuegos ha sido lo más grande que he disfrutado en mi vida.

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