Árbitro de beisbol.

Uno de los tópicos que más fomentan el debate beisbolero en Cuba, como va siendo costumbre en las últimas temporadas, es la calidad del arbitraje y la necesidad de perfeccionarla para contribuir a la elevación del techo del béisbol en la Isla.

Frecuentes errores en jugadas de apreciación, variabilidad de la zona de strike de un árbitro a otro, inexperiencia y falta de carácter para enfrentar indisciplinas, son algunas de las manchas que arrastra la imagen del arte de impartir justicia en el deporte nacional.

Unas sugieren falta de preparación, otras carencia de idoneidad de algunos de los que ejercen el oficio y quizás las haya que estén condicionadas por falta de motivaciones.

Para Lázaro Leonel Sarría gran parte de las deficiencias actuales del arbitraje se debe a insuficiencias en la formación de los imparciales

A sus 47 años Lázaro Leonel Sarría, -quien se desempeñó en esa profesión durante 17 años en series nacionales (1996-2013), y 23 en total en el béisbol organizado de la provincia La Habana- se muestra orgulloso de su trabajo como ampáyer [1] y no duda por un segundo de haber escogido la profesión correcta para él.

Sobre las deficiencias actuales del arbitraje, Sarría considera que se deben en gran parte a la preparación arbitral.

Preparación

Los árbitros se forman en cursos que organizan las direcciones de deporte de cada provincia y sus primeras prácticas como jueces las realizan en las categorías infantiles. De acuerdo a los resultados de cada uno y la calidad que vayan mostrando, son promovidos a instancias superiores hasta llegar a la Serie Nacional de Béisbol.

Arbitraje en Cuba
Árbitro de la liga municipal de beisbol de La Habana. FOTO: Hansel Leyva

El procedimiento parece sencillo, pero no lo es. «Hacen falta árbitros de calidad para organizar buenos cursos y hoy no los hay como antes. Además, un ampáyer en formación precisa pegarse a otros más viejos, de experiencia, para tratar de captar de ellos todo el conocimiento posible.»

Entonces, si esa experiencia está en falta, es de suponer que los egresados de los cursos presenten carencias formativas.

Para tratar de solventar la situación, una alternativa pudiese ser la anunciada reapertura de una escuela nacional de arbitraje.

El país contaba con una en Santa Clara pero fue cerrada ante dificultades económicas. De concretarse, el reto sería aglutinar árbitros de calidad y experiencia que de no haberlos en el país pudieran invitarse del exterior para garantizar una preparación adecuada.

En mayo del pasado año, fruto de un acuerdo entre la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe y la Federación Cubana, se desarrolló el primer curso internacional de reglas y arbitraje de béisbol organizado en el estadio Latinoamericano.

Dedicado a Armando Maestri, figura cimera en la historia del arbitraje de béisbol en nuestro país, el evento se centró en la necesidad de establecer la aplicación homogénea de la zona de strike y en la interpretación correcta de las reglas del juego.

El puertorriqueño Jorge Bauzá, árbitro instructor de las Ligas Menores de Estados Unidos, fue el encargado de aportar su experiencia y conocimiento al centenar de oficiales cubanos asistentes al curso, que el venidero año tendrá una segunda edición.

No obstante, para que la acción no quede aislada y fracase en una pretensión indirecta de ser remedio santo para todos los problemas existentes, debe acompañarse de otras medidas que incrementen la motivación de los árbitros que ejercen la profesión y despierten el interés de otros potenciales.

De igual forma, el proceso de selección para el ingreso a los cursos debe ser exigente. Nuestro entrevistado aclara que un árbitro debe tener vocación y haber sido practicante de béisbol.

«Eso ayuda, junto a tu capacidad técnica, a pasar inadvertido en los juegos en que participas que es en definitiva por lo que se juzga si un ampáyer trabajó bien o mal».

Deficiencias

Entre las deficiencias más señaladas al arbitraje de la pelota cubana hoy destaca la variabilidad de la zona de strike de un juez al otro cuando imparten justicia detrás del home.

Sobre eso opina un usuario identificado como Veguero Campeón en uno de los foros de debate del sitio Béisbol en Cuba:

«Hacen que nuestros pitchers no tengan una zona de strike definida porque esta está dada por el árbitro que cante detrás del home cada día, lo cual afecta la zona de bateo de los bateadores también, que tienen que cambiarla, pasar malos ratos y verse mal por irse con lanzamientos que lo mismo pueden ser bolas que strike».

Sus criterios son compartidos por otro aficionado llamado Tony Fernández, quien además demanda que los árbitros tengan más personalidad, carácter y mejoren su colocación en cada base que trabajan, con vistas a que estén lo mejor posicionados posible ante cada jugada y puedan dictaminar de forma efectiva.

Entre las deficiencias más señaladas al arbitraje de la pelota cubana hoy destaca la variabilidad de la zona de strike de un juez al otro

No obstante, Fernández reconoce que la tarea del ampáyer es de las más complicadas pues, aunque haga bien su labor, siempre tendrá críticos. «Cuando se gana todo es felicidad, pero cuando se carga con la derrota uno de los culpables es el árbitro».

Para Sarría es falso o superficial hablar de que cada oficial tiene su propia zona de strike porque las reglas del béisbol dicen que es una sola: las 17 pulgadas de ancho del plato y de altura desde las rodillas, a un punto medio entre la parte superior del cinto y las axilas del bateador.

«Lo que sucede es que hay árbitros buenos y malos y eso no pasa sólo en Cuba. Hasta en el Clásico Mundial se vieron horrores en los conteos y eso que eran árbitros de ligas profesionales, supuestamente mejores o que se equivocan menos. El árbitro es como el bateador, mientras más calidad tenga más distingue los lanzamientos que se ajustan a la zona de strike; discrimina mejor».

En su opinión, decir que cada uno tiene su zona es una forma de hacer recaer la culpa en las personas, y no en la organización y calidad del sistema de arbitraje en su conjunto, que no facilita la idoneidad de los árbitros en el evento mayor.

Según estima la tecnología debería emplearse para determinar si un batazo es foul o home-run, o si la bola está viva o muerta, pero no para jugadas de apreciación de out y quieto.

Para casos de jugadas apretadas en los que el ampáyer pudo haberse equivocado ahora existe la apelación al video

«Para eso está el árbitro como institución y puede equivocarse como humano al fin, aunque desafortunadamente las equivocaciones podrían definir un juego. Pero el video como solución o apoyo no ayuda al arbitraje. Lo desautoriza y condiciona a los árbitros cuya decisión se revocó por el resto del partido».

Con el objetivo de detectar deficiencias y evaluar el trabajo arbitral, desde antes del video y ahora apoyado por él, en cada juego de la serie hay un comisario.

Si algún oficial hace un mal trabajo, esta figura puede dictaminar sanciones consistentes mayormente en suspensiones de juegos, con un consecuente costo económico para el árbitro, que cobra por partido trabajado.

Motivaciones

Ante las deficiencias expuestas y la necesidad insoslayable de elevar la calidad del trabajo arbitral para que no constituya un factor negativo más entre todos los que empañan el béisbol cubano, uno podría preguntarse por qué no se han buscado personas con mayor idoneidad para impartir justicia o se les da baja a aquellos que no reúnen las condiciones para hacerlo en la categoría máxima.

Pero actuar para desaparecer esa interrogante no resulta nada sencillo. Pocos están dispuestos a ser árbitros y no solo por las presiones que el oficio trae aparejadas durante los juegos.

La remuneración económica de la actividad es baja en correspondencia con sus propias exigencias y la situación económica del país. Un ampáyer en la Serie Nacional gana 32,73 pesos por juego cuando se desempeña en bases y 38,18 en home. En categorías inferiores, la suma es muy baja.

Arbitraje en Cuba
FOTO: Hansel Leyva

De ahí que a algunos oficiales o personas con capacidad para hacerlo les resulte más atractivo trabajar en ligas independientes, donde pueden cobrar de 40 a 50 pesos, además de recibir una mejor atención.

«Los árbitros trabajamos por contrata que se renueva anualmente. Después de la serie del 2013 a mí no me lo renovaron y ya, para mi casa».

Los motivos de la cesión de su contrato, según cuenta, no estuvieron claros y en su opinión obedecieron a un conjunto de factores turbios, similares a los descritos por el exmánager de Pinar del Río Alfonso Urquiola en la polémica entrevista concedida al sitio web Cubadebate.

Sarría explica que en el mundo del arbitraje también se viven cosas como el compadreo, la guataconería, la promoción acorde al nivel de relaciones y no al talento y resultados de cada uno, todo lo cual contribuye a que personas honestas se decepcionen y decidan apartarse.

En su caso ha determinado que aunque las mismas personas que forzaron su salida le pidiesen volver no lo haría. «No se puede trabajar para personas que no reconocen tu trabajo».

Otra cuestión es la pérdida gradual de autoridad de la figura del árbitro a manos de la Comisión Nacional, entidad que los dirige y regula. Un reclamo frecuente en el gremio es la necesidad de crear su propio sindicato y organización laboral, independiente de la comisión; fórmula mediante la que brindarían sus servicios por contratos que respeten los intereses de todas las partes involucradas.

Por esto, sumado al hecho de no sentirse lo suficientemente protegidos frente a frecuentes irrespetos de la afición, atletas y entrenadores, muchos practicantes de la actividad se sienten desmotivados.

Rutas de esperanza

La crisis del arbitraje en el béisbol no es insalvable. Por suerte los principales males que aquejan a este componente infaltable del deporte de las bolas y los strikes están identificados y son reconocidos por los propios ejecutores y las autoridades competentes, lo que facilita la implementación de medidas que resuelvan la situación progresivamente.

Hasta el momento desconocemos si se plantea un incremento salarial para los oficiales o se les permitirá tener personalidad jurídica propia, independiente de la Comisión, pero al menos tan sólo un mes después de finalizada la serie ya se empezó a trabajar en el factor preparación.

El proceso de selección de los candidatos y las promociones a categorías superiores, así como la asignación de roles en cada partido, deben basarse única y exclusivamente en la idoneidad, dejando fuera cuestiones subjetivas, que no hacen más que afectar la calidad de la institución arbitral, tan necesaria para el espectáculo deportivo.

[1] Adaptación del término original del inglés umpire, para referirse al árbitro de béisbol.

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