Fútbol sala cubano

El futsal o fútbol de salón, como se le conoció en sus primeros años, es hoy uno de los deportes más populares de La Habana. Con torneos de todas las categorías durante gran parte del año, la disciplina atrae a muchos jóvenes ilusionados con vestir la camiseta de su localidad, provincia y hasta de la nación. Sin embargo, tal empeño muchas veces choca contra la inexistencia de una infraestructura que potencie el desarrollo de un deporte que vivió sus mejores años a finales del pasado siglo y principios del presente, cuando llegó a cuatro mundiales de la FIFA.

«Actualmente hay deseos de jugar, pero no los torneos suficientes en el año», expresa Roger Moratón, jugador de los equipos Industriales y 10 de octubre. El líder goleador de la última Copa Jorge Gelavert in Memoriam, quien comenzó en el futsal tres años atrás, al salir de la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA), asegura que hoy no hay mejores jugadores que en los noventa, pero sí más ganas y masividad.

Por otra parte, Marvin Lezcano, un joven que pasó de jugar en las calles a ser uno de los mayores talentos del deporte en la capital, afirma que las vicisitudes del fútbol sala cubano tienen su base en que no se trabaja con los jóvenes, y en que los entrenadores no tienen deseos de dedicarse a los atletas.

«Hoy hay un mejor trabajo táctico, aunque muy focalizado. No todos los equipos se preocupan por evolucionar en esta dirección. La década del noventa sigue siendo mucho mejor que la actual en cuanto a la calidad de los jugadores», asevera Marvin.

Fútbol sala
Uno de los principales problemas del futsal cubano en la actualidad es que no se le mira con seriedad. FOTO: Pedro E. Rodríguez

Al evaluar las actuales condiciones del fútbol sala cubano, Yoelvis Sánchez, el Choco, recuerda que antes había torneos de invierno y verano. En este sentido, el preparador de Roger y Marvin, es uno de los mejores entrenadores de futsal de La Habana, afirma que «el incentivo era mayor porque los equipos funcionaban como clubes y recibían el apoyo de patrocinadores, entre ellos hoteles, empresas y sociedades españolas.

»Muchas de esas entidades después contrataban a los jugadores y la gente veía en el fútbol una forma de vida. Eso es algo que se debe retomar si queremos acercarnos al mundo del fútbol moderno».

A decir de Sánchez, uno de los principales problemas del futbol sala cubano en la actualidad es que no se le mira con seriedad, aun cuando este deporte ha participado en cuatro de las últimas cinco citas organizadas por la FIFA.

«Un deporte así tiene que practicarse en las EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva) y que ser llevado al alto rendimiento. En cada una de esas escuelas debe abrirse una matrícula para el futsal, como la tiene el fútbol 11, con niveles escolar y juvenil que compitan en campeonatos nacionales».

El también Mejor Entrenador de la Copa Gelavert en 2015 aboga por un Campeonato Nacional de Mayores de larga duración y no uno que se realice por compromiso; uno en el que lo fundamental sea cumplir con el desarrollo de los futbolistas y no, como lo es hoy, con el calendario competitivo.

«Lo ideal sería un torneo de ida y vuelta para aumentar el número de partidos y el rigor competitivo. No se concibe que un futbolista llegue a un evento internacional con solo cinco choques en su liga nacional. Eso no sucede en ningún lugar del mundo».

Sin embargo, ese añorado escenario está bien lejos de la realidad. Según comenta Marvin, quien en 2014 asistió al torneo insular desarrollado en Las Tunas, allí se jugaba todos los días durante una semana, e incluso algún elenco llegó a disputar dos choques en una misma jornada.

«En menos de 30 horas un equipo no puede jugar tres partidos. Eso lo tuvo que hacer Pinar del Río, que jugó a primera hora de la mañana, en la noche y al otro día a mediodía» relata.

El por entonces jugador de La Habana rememora la pesadilla de llegar hasta la sede del campeonato, que incluyó un trayecto de alrededor de 14 horas en tren hasta Camagüey y otras cuatro luego, en un camión privado, hasta la capital tunera. El accidentado viaje y las exigencias del evento derivaron en la pérdida del título para los capitalinos, aun cuando no perdieron un solo partido en la lid.

Mas los problemas no se hallan solo en los diferentes torneos. También en el quehacer diario de los jugadores abundan situaciones desfavorables. A las pésimas condiciones de entrenamiento se suma la carencia de pelotas, trajes, instalaciones, alimentación y otros elementos básicos para el adiestramiento.

«Las zapatillas y las medias las compramos nosotros a precios exorbitantes para cualquier cubano de ingresos medios (49 CUC y 5, respectivamente). Y además, muchas veces debemos pagar de nuestro bolsillo los viajes a los torneos», apunta Roger.

La falta de motivación, por otra parte, es otro asunto esencial en esta ecuación. Para muchos jugadores ya la Selección Nacional no funciona como meta, una vez que se conoce de antemano cuáles son los atletas miembros del equipo dado a participar en los pocos compromisos internacionales.

«Yo sigo jugando por el sueño de niño de llegar al equipo Cuba, pero en las condiciones actuales eso es imposible», lamenta Marvin.

Roger, su compañero de equipo, también sueña con llegar a la Selección, aunque reconoce que para ello tendrán que cambiar muchas cosas, entre ellas la inmovilidad en el banquillo del principal equipo Cuba.

«Uno se traza metas, algún día me gustaría llegar al equipo nacional, por eso sigo jugando. Tal vez pronto cambien las cosas y podamos mostrar nuestro talento», añora Roger, quien dejó el fútbol 11 por la falta de oportunidades en los principales equipos de la provincia.

Los inquilinos del banquillo

Según Marvin afirma, el entrenador que tenga resultados es el que debe llegar a la alta dirección. «A los entrenadores que ganen los torneos nacionales les corresponde dirigir la Selección, no deben existir los cargos vitalicios», alega.

Desde su visión como entrenador, Yoelvis Sánchez ofrece otra arista del asunto. A su juicio, muchos de sus colegas en el país no tienen la preparación adecuada para dirigir un equipo de futsal.

«El deporte, como otros esferas, evoluciona a gran velocidad y nosotros nos hemos quedado muy atrás, tanto en la planificación de los entrenamientos como en los métodos de dirección, los sistemas de juego y el trabajo científico vinculado a esta área», agrega.

«Cuba no tiene una escuela para técnicos de fútbol y el hecho de ser Licenciado en Cultura Física no garantiza ser un buen entrenador. Si no se accede a documentación sobre por dónde va el mundo del futsal y cuáles son las tendencias actuales, se continúa parado en el tiempo y se trabaja con métodos arcaicos», puntualiza Sánchez.

«Tenemos que intentar acercarnos al futsal que se juega en el mundo y para eso necesitamos encontrar nuestra identidad. Cada uno de los jugadores del equipo nacional debe saber con claridad cuál es la filosofía de juego y la importancia de la misma para conseguir buenos resultados. La Selección debe ser la imagen de esos niños que comienzan y sueñan con llegar a lo más alto. Para que todo eso sea posible se necesita a alguien con mucha capacidad para conducir todo el proceso», concluye.

Mirada al pasado

Muchos dicen que fue la falta de lugares en la urbe capitalina lo que llevó a los amantes del más universal a improvisar porterías en pequeños espacios de parques y calles para poder anotar algunos goles. Otros, que la falta de implementos obligó a los jugadores a buscar alternativas para jugar al fútbol en todos los escenarios posibles.

También se cuenta que los antecedentes del juego en la Mayor de las Antillas se remontan al siglo XIX, cuando los miembros del club San Francisco entrenaban en la Alameda de Paula de La Habana Vieja, con una pelota similar a la utilizada en la actualidad en el futsal; aunque, en su caso, el contexto los obligó a adaptarse a sus condiciones para poder competir en los campeonatos locales de fútbol convencional.

Desde aquella época se juega al fútbol en espacios reducidos en la capital cubana. Sin embargo, no es hasta la década de los ochenta que comienzan a llegar a la isla los primeros reglamentos de fútbol de salón, para después entrar en los considerados años de esplendor del futsal en la capital.

Algo significativo para la consolidación de dicho esplendor fue el desarrollo de los primeros campeonatos de futsal celebrados bajo el auspicio de la Federación Estudiantil Universitaria, una vez que las instalaciones deportivas de los centros de altos estudios se convirtieron en espacios aprovechables para la práctica de esta modalidad.

A esos movimientos alternativos sucedió en 1997 el primer torneo organizado por la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) con sede en Holguín y al que asistieron, además de la provincia sede, Ciudad de La Habana, Industriales y La Habana.

Los jugadores de futsal de aquellos primeros años en la ciudad provenían de las selecciones nacionales de fútbol convencional. Estos atletas, tras abandonar las concentraciones, empezaron a vincularse de manera paulatina e informal a torneos de fútbol reducido organizados en distintos puntos de la capital.

Quizás el más renombrado sea el Torneo de las Iglesias. Esta competición cimentó un movimiento que llegaría hasta nuestro días, y que se convertiría en lo que es hoy la Copa Juan Antonio Lotina in Memoriam. Es este un certamen que acoge cada fin de semana a cientos de jóvenes, divididos en numerosos equipos, como muestra de masividad y pasión por un deporte que busca regresar al camino correcto en un contexto altamente competitivo.

Años de esplendor

El despegue del fútbol de salón en Cuba tiene su origen en un movimiento formado por equipos representativos de diferentes centros turísticos, empresas y sociedades españolas que auspiciaron en la década de los noventa la llamada Liga de Futsal de La Habana.

Cuando la nación vivía un momento complicado debido a los efectos del llamado Período Especial, el fútbol fue la alternativa de aquellos jugadores que habían salido de las selecciones nacionales por la falta de competiciones internacionales y las difíciles condiciones de los eventos del patio. Para seguir vinculados al deporte de sus amores, decidieron apostar por la incipiente disciplina, y en poco tiempo recibieron una gran compensación.

En 1996 llegaría el primer gran resultado para el fútbol sala cubano y, a la postre, el detonante para institucionalizar el deporte. Fue a partir de la solicitud de la AFC y gracias al apoyo del vicepresidente de la Concacaf, Lisle Austin, que Cuba conseguiría el respaldo de la mencionada entidad regional para participar en la eliminatoria con miras al Mundial de España.

En el Premundial de Guatemala los cubanos alcanzarían su primer boleto mundialista, acontecimiento que generó amplia repercusión nacional y extranjera. El certamen sirvió además como referente para medir el nivel competitivo con los demás países del área, y como guía para el desarrollo del futsal en la Mayor de las Antillas.

«Al conocerse la clasificación de Cuba para el Campeonato del Orbe entre el 24 de noviembre y el 8 de diciembre de 1996, la alegría y la sorpresa se apoderaron de la afición, aunque a quienes siguieron de cerca el desarrollo de esta disciplina no les extrañó el triunfo» escribiría Clemente Reinoso, director técnico de la selección nacional, en un informe realizado para la AFC.

«La creación de las Ligas de Primera y Segunda Divisiones —efectuadas en la Sala Polivalente Kid Chocolate, el tabloncillo del parque Marte y del Instituto Superior de Cultura Física ISCF Manuel Fajardo, como sedes oficiales en estos eventos— propiciaron el surgimiento de un número mayor de atletas, entrenadores, árbitros y dirigentes que con su esfuerzo personal, horas y días de dedicación, llevaron a la creación de la primera preselección nacional conformada mayormente con atletas de La Habana», diría Reinoso.

Aquella primera incursión le depararía a Cuba un difícil reto. Enfrentaría a Brasil, campeón de los mundiales anteriores y favoritos para ganar la Copa; Irán, cuarto lugar del Mundial precedente y con 37 partidos de preparación; y a Bélgica, tercero en la Eurocopa de ese propio año.

A pesar de los resultados, el colectivo técnico declararía que los objetivos generales y competitivos fueron cumplidos tanto en disciplina como en participación. Se hacía necesario conformar una verdadera selección nacional y propiciarle un mayor roce internacional antes de encarar las competiciones.

En los años siguientes el trabajo se dirigiría a fomentar el futsal en todo el país para incrementar las fuentes de abasto de la selección nacional. Distintos proyectos comenzarían a realizarse a mediano y largo plazo, entre ellos la incorporación del futsal a la enseñanza deportiva en los distintos niveles y la implementación de un calendario más largo para el campeonato nacional con el objetivo de convertir en un espectáculo a este deporte de sala.

Sin embargo, los problemas económicos se contrapondrían a la amplificación y desarrollo cualitativo del campeonato, pues en primerísimo lugar se encontraba la necesidad, y las pocas posibilidades reales, de financiación del mismo, cuyos gastos se cargarían a la cuenta del presupuesto asignado para el campeonato de fútbol de primer nivel; y, por otra parte, el futsal continuaría nutriéndose de los campeonatos nacional y universitario, cuando su fuente primaria debían ser las categorías inferiores.

¿Qué hacer con el futsal?

Disímiles soluciones se han planteado desde entonces, pero lo cierto es que todavía sigue sin aparecer un camino para llevar el futsal a otro nivel.

«Una solución posible sería planificar las competiciones del futsal paralelas al campeonato nacional de fútbol, de modo tal que pudieran utilizarse en común una serie de recursos destinados a esta última. Se impone también la organización de las categorías inferiores así como la optimización de los talentos que se incorporan, provenientes del fútbol 11», remarcó un federativo que pidió mantenerse en el anonimato.

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Disímiles soluciones se han planteado desde entonces, pero lo cierto es que todavía sigue sin aparecer un camino para llevar el futsal a otro nivel. FOTO: Pedro E. Rodríguez

El trabajo con los niños es algo fundamental, como bien señala Yoelvis Sánchez, quien aboga porque a los pequeños se les enseñe a jugar y no tanto a ganar por cualquier medio.

«Eso es algo que después pesa en las categorías mayores, a donde llegan sin conocer los fundamentos básicos del deporte por el marcado championismo que vivieron en la etapa de formación», afirma.

A pesar de desarrollarse pocas acciones para su bienestar, el futsal continúa creciendo en esta isla beisbolera, apoyado sobre todo por el afán de muchos jóvenes decididos a hacerle un gol a la desidia. A más un siglo de la consolidación de la práctica organizada de fútbol en el país, y aproximadamente a 18 años de haber sido institucionalizo el futsal como deporte en Cuba, se mantienen las ganas de triunfar.

Las clasificaciones a los mundiales de 1996, 2000, 2004 y 2008 son el referente para mirar al horizonte y soñar con volver a estar entre los mejores equipos del mundo.

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