Las naves de Industriales y Pinar del Río hacen agua en este inicio de la segunda fase. Foto: Ismael Francisco.

Vencidas las primeras tres subseries de la nueva fase o “nueva liga”, los Leñadores de las Tunas se han encaramado en la cima del campeonato y dos notas oscuras llaman la atención a fanáticos y especialistas: la actuación de los Vegueros de Pedro Luis Lazo y de los Industriales de Víctor Mesa.

El gigante pinareño arrancó esta carrera a todo tren, rodeado de luminarias opacó con sus triunfos tempraneros su inmadurez en las funciones de manager, silenció bocas y destruyó tesis y doctorados. El humo de sus muchachos intoxicó a los rivales, mientras llevaba, cabalgando en su historia y en su simpatía, el juego de las estrellas a su tierra natal.

Los leones de la capital, envueltos en la vorágine que persigue a su polémico director, se robaron los titulares nacionales y tuvieron una primera fase de leyenda, con record incluido para la franquicia. Llovieron los fuegos artificiales y las esperanzas renacieron en todos los rincones.

Poco duró ese guión de películas deportivas, la armonía con los aficionados y la lluvia de aplausos de periodistas y analistas sorprendidos. Ambos equipos han empezado a dar tumbos peligrosos, y ahora mismo, después de 7 derrotas en 9 partidos, los Vegueros están hundidos en la tabla de posiciones, marchitos y heridos, ausente de las apuestas y de las preferencias de muchos; mientras los azules han comenzado a desteñirse peligrosamente y han entregado la bandera de líder de la serie nacional.

En la más occidental de las provincias cubanas, el estandarte de capitán en las manos de Donald Duarte está en el suelo, el veterano aun no consigue su primer sencillo (19-0) y es incapaz de mover tropa alguna con esa pobre ofensiva, Michel Enríquez no encuentra la manera de recuperar sus grados (214 AVE), el refuerzo cienfueguero Yusniel Ibañez no convence a nadie, Raúl Gonzales es una sombra en el cajón de bateo, y Frederich Cepeda y William Saavedra no pueden solos halar el carro que se cae cuesta abajo. Entre todos los jardineros, exceptuando a Cepeda, promedian por debajo de 200, sus lanzadores relevistas son los peores de la segunda fase y la defensa es un verdadero desastre.

El caos reina en el terreno, en este minuto la excesiva confianza, los compromisos internos y el buen carácter de Pedro Luis Lazo no están dando resultados. Los occidentales lucen como una guerrilla que huye despavorida por los campos, alejándose a cada minuto de sus objetivos principales.

Si hablamos de Industriales, las cosas no son diferentes, el estrés se ha regado como un fantasma por las taquillas, los dormitorios y llega al terreno paralizando los bates y los lanzamientos desde la lomita. Los cambios constantes, la inseguridad reinante y ese béisbol incomprensible de Víctor, tampoco están dando resultados.

El nivel de los contrarios ha aumentado, las exigencias son diferentes y comprendo que es difícil pensar con el agua al cuello, pero aún hay tiempo para parches y reivindicaciones, para nuevos aires y para empujoncitos históricos.

La estirpe de Industrialistas y pinareños siempre estará ahí, latente, desafiante, peligrosa, amenazando rivales. Pero hay que sacarla ya, encontrarla con palabras mágicas o estrategias osadas, canalizarla en el terreno cuanto antes porque el tiempo se acaba y los milagros casi nunca están disponibles. De momento, son los orientales, tuneros y granmenses quienes mantienen el ímpetu y se llevan las preferencias de bolas mágicas y profetas de barrio. Nos vemos en el estadio.

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