Entre Granma y Villa Clara hay poco espacio al azar. Los orientales se perfilan como máximos favoritos. Foto: Carolina Vilches.

Aquí, en la seria de comodín entre Granma y Villa Clara, la lógica es simple: está el súper favorito, el equipo campeón nacional; y está por el que nadie pone un peso, ni en las apuestas de peseta en las gradas del Sandino.

Entre los diestros anaranjados Alaín Sánchez y Freddy Asiel Álvarez, no han hecho un Lázaro Blanco esta temporada. ¿Con qué cuenta Villa Clara entonces? Entre las pugnas internas y externas por llevar las riendas del equipo, entre un capitán sin grados —pues Andy Sarduy hace mucho que no saborea la titularidad bajo el mandato de Vladimir Hernández—, y un staff que arranca lágrimas, el otrora team favorito es, hoy, el menos favorecido por los análisis antes de las series de comodín de la 57 Serie Nacional de Béisbol.

Mientras Granma puede contar con el aporte del pitcher derecho más valioso de la liga Can Am, Lázaro Blanco, y un fuera de serie como Roel Santos, lo cierto es que a Villa Clara solo le resta implorar porque su única bujía ofensiva, el jovencito Norel González tenga unos “buenos días”, y el promedio de 364 que exhibe (el mejor de los Azucareros) no sea cuento de ocasión.

En otras circunstancias, incluso podía vaticinarse que un duelo Blanco vs. Álvarez, se antojaba impreciso, sin certezas a priori, sin vaticinios; un juego “para cualquiera”. Pero cuarenta y cinco partidos después, el pronóstico está claro, quizás el más claro de los cuatro equipos en disputa. Granma puede ganar el desafío del Sandino, y el segundo del Barbados, sin mayores contratiempos.

Los granmenses cuentan con mejor ofensiva, un promedio general por encima de .300, con un Guillermo Avilés casi montado en los .400. Mientras Villa Clara coquetea febrilmente con los .270 de average. Norel es su mejor carta, mientras un anémico cuarto bate, de la talla de Yeniet Pérez, apenas se recupera de un Zika. Yeniet es un extra clase para este béisbol, hace lo que puede.

El mentor Carlos Martí hizo lo que se esperaba de la novena titular nacional. Clasificarla por los pelos, defender ese estadío con los dientes. Desde Canadá lo anunciaba su as, Blanco. “Ojalá clasifiquen, yo ayudaré para el resto”. La cuestión era tener la opción. Lo sabía Martí, y no la dejará escapar. Se sabe favorito, y hará uso de ello, más allá de que Villa Clara les haya ganado dos partidos de tres en la clasificatoria. En la clasificación no había nada en juego, ni los Alazanes contaban con Blanco. Martí sabe que, con el diestro en la lomita, el final de la historia se cuenta diferente, o pudiera serlo.

En lo único que Villa Clara es superior a Granma, en lo colectivo, es en el pitcheo, y quien haya mirado un solo partido de los anaranjados, sabrá que eso dirán las cifras, pero que en la vida real, la lomita de los suspiros, fue un martirio para el staff de Vladimir Hernández.

El otrora pitcher sagüero, maniobró con los juveniles Yosver Zulueta y Javier Mirabal, pero ninguno maduró durante la serie. Una lesión tempranera del relevista Yasmani Hernández (que ahora parece recuperado, al menos lo tantearon ante Matanzas en la última subserie) le dejó en ascuas el bullpen. No se contaba —¿cuenta?— con Villa Clara, porque el equipo era una calamidad: Yurién Vizcaíno se reponía de una conjuntivitis, Yeniet de un Zika, Norel de una lesión en la muñeca, Yandri Canto de una molestia en una pierna y, Freddy Asiel no lograba ponerse en paz consigo mismo.

¿Vaticinios? Eso es fácil. Granma es superior en defensa y bateo, solo el pitcheo parece por debajo. Parece, pero la realidad difiere, esta véz, de las estadísticas frías. Dicho rápido, Granma supera en todo a sus rivales.

A Villa Clara le queda, como aliciente, esa gastada ilusión, de ser parte de los llamados “cuatro grandes”. Si es que ese grupo todavía existiera. Lo más probable es que Villa Clara caiga 0-2 y termine octavo, y Hernández “firme” su renuncia a los Azucareros, y Ariel Pestano se frote las manos. O en nombre de los cinco campeonatos nacionales, pelee un 2-1, y se despida, como suelen decir, “con las botas puestas”.

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