FOTO: Hansel Leyva

Por: Yasmany Gómez

Aunque el pasatiempo nacional ha perdido espectacularidad, y el fútbol gana espacio entre los aficionados, cada año muchos peloteritos se insertan en el mundo de las bolas y los strikes. Sucede, a pesar de que sus padres conocen el sacrificio que ello implica: desde comprar un guante a 25 pesos convertibles hasta hacerse cargo de los terrenos.

La carencia de recursos en las categorías inferiores, obliga a que entrenadores y activistas deportivos dependan de la ayuda de los padres para realizar su trabajo. Todo ello puede parecer contradictorio, dada la importancia de la formación básica de los atletas que aspiran a ser campeones.

 Play-Off trató el tema de la carencia de implementos deportivos en otra edición. Ahora, pisamos la grama de varios estadios con una pregunta en la libreta de notas: ¿cómo se sustentan los terrenos?

Jugando con el futuro 

Un niño de diez años dobla por la curva de los 200 metros en la pista de atletismo. No es un aprendiz de velocista sino el pequeño jardinero derecho del equipo de béisbol de Plaza de la Revolución. Estamos en pleno Vedado habanero, cercano a las calles G y Malecón. Las condiciones constructivas del estadio deslucen los modernos edificios de la zona. Se trata del Martí -lo quequeda de él-, un lugar donde la escasez de recursos, el salitre y la falta de mantenimiento dejan huellas en cada pared y espacio del complejo.

Nada indica que esta sea un área de práctica beisbolera. No hay cercas en los jardines; falta el cajón de bateo y el montículo. Tampoco vemos malla de protección atrás de home -en realidad, el home es un pedazo de plástico que ponen y quitan-, ni delimitaciones que indiquen el foul y la buena bola.

Terrenos en La Habana
FOTO: Hansel Leyva

En Cuba se juega “pelota” hasta en las calles, pero si piensas ser un deportista profesional necesitas otro escenario. «Están condenados a quedar últimos en el próximo campeonato provincial» -dice con resignación el profesor Carlos Mayón, preparador de la categoría 9-10.

 «Es esencial que desde bien temprano el niño le entre de frente a la pelota -sin miedo a que un rolling salte y le pegue en la cara-, de lo contrario va a ser muy difícil que coja valor cuando crezca. Llevamos varios años sin un terreno decente y no entiendo por qué», afirma.

Según dice, «en el municipio está el estadio José Antonio Echeverría -con todas las condiciones- pero pertenece a Recreatur y no a quienes dirigen el deporte. Andamos dando tumbos durante los torneos y hemos jugado como home club en lugares tan lejanos como Calabazar (Rancho Boyeros) y el Cotorro».

Varias madres observaban el entrenamiento y expresaron su inconformidad con la situación. Eileidy González cuenta que «a veces los padres cambian al niño para equipos de municipios que tienen terrenos en buenas condiciones, aunque lo común es tratar de mejorarlo con nuestros propios medios: recogiendo dinero y pagando el mantenimiento».

Alquilar una máquina chapeadora, por ejemplo, puede costarles entre 20 y 50 pesos convertibles -según la altura de la hierba.

 «Eso lo hacíamos en el hueco, un terrenito cerca de aquí, pero en este no se puede porque no es siquiera un terreno de pelota», añade Maité Solano.

No solo en la capital están en declive los lugares de entrenamiento para los que se inician en la carrera del béisbol. Sucede también en otras zonas del país, como en el pequeño estadio –beisbolito, le dicen- “Natilla Jiménez”, de Santa Clara.

«Este terreno era una joya cuando se inauguró en 1995 y la despreocupación de las autoridades -entre otros factores- ha hecho que se parezca poco a como lucía», -declara el entrenador Everardo Pedroso, conocido por El Chino.

Él ha conquistado seis campeonatos nacionales. Quien es una autoridad en las categorías de base, recuerda las luces que tenía el terreno cuando lo fundaron: «Los niños podían adaptarse a jugar de noche desde pequeños. Un día se las llevaron para un torneo de baloncesto y jamás las regresaron; también arrancaron dos torres del left field para hacer un parque de diversiones que nunca se terminó».

Otro de los problemas de la instalación deportiva es la ausencia de agua potable y baños. «Te soy sincero: si no es por el sacrificio de los padres en la compra de implementos y el mantenimiento de los terrenos, hoy la pelota se encontraría peor», manifiesta El Chino.

En la capital de la provincia Villa Clara los padres también precisaron financiar los lugares de fogueo. Cortar el césped del beisbolito una vez al mes suponía pagar 200 pesos en moneda nacional. Sin embargo, ese problema comienza a disiparse con la compra de una máquina chapeadora por parte del Combinado Deportivo Mártires de Barbados, al cual pertenece el pequeño estadio.

 Terrenos en Cuba: Señas para anotar

De regreso a La Habana, Play-Off  llegó a los terrenos de la Ciudad Deportiva donde los padres también contribuyen al lustre de la grama -aunque en menor cuantía porque hablamos de un lugar priorizado en la preparación de atletas al alto rendimiento.

 «Lo único que hacemos es arreglar la cerca y eliminar los montones de hierba que crece en la arcilla, pero el terreno no tiene tantos baches; cuenta con las medidas oficiales y todas las semanas el personal de mantenimiento le pasa la chapeadora», -dice Reinier García, quien trae a Ronald -de apenas seis años- a lanzar sus primeras bolas.

La Ciudad Deportiva tiene la suerte que le falta a muchos terrenos. En otros estadios visitados, algunos padres creen pertinente el arrendamiento de estos lugares a personas que les garanticen condiciones óptimas. Ariel Díaz considera que “sería bueno. De todas formas ya hay cooperativas de todo tipo y el deporte podría beneficiarse también; al menos pagaríamos para que nuestros hijos entrenen decentemente.”

Terrenos en La Habana
FOTO: Hansel Leyva

Sin embargo, tal solución podría convertir el acceso a la práctica deportiva en un asunto de élites, y encuentra límites en el Artículo 52 de la Constitución de la República de Cuba que establece: “todos tienen derecho a la Educación Física, al deporte y la recreación”.

Así piensa Tomás Román, abuelo del niño que pichea a pocos metros de donde conversamos. No considera viable esa salida porque «entonces el arrendatario se lo alquilaría al que más dinero ofrezca, y no todo el mundo puede pagar para que su hijo juegue un deporte. Sí creo que el INDER debería hacer contratos con chapeadores particulares, y monitorear el proceso para que la grama no sufra daños», concluye.

Lo cierto es que las autoridades deportivas deben tomar cartas en el asunto y brindar mayor atención a quienes constituirán el futuro del pasatiempo nacional. Mientras los pequeños continúen formándose en terrenos inadecuados, serán más propensos a cometer errores en todos los órdenes del juego cuando lleguen al alto rendimiento.

Ya lo dice el entrenador de Ciego de Ávila, Félix Molina, uno de los sabios de la categoría juvenil: «los terrenos de los muchachos deben estar igual o mejores que los estadios de la Serie Nacional. Solo así se garantizará la buena salud del béisbol cubano».

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